1888–1920: de Nebraska al taller de San Diego
Rife nació en 1888 en Elkhorn, Nebraska. En 1913, a los veinticinco años, llegó a San Diego después de atravesar el país en automóvil desde Nueva York. Lynes lo presenta como un hombre felizmente casado, atraído por las máquinas, la óptica, la electrónica y la bacteriología. Sus amigos lo llamaban Roy y destacaban su carácter afable, su modestia y su extraordinaria habilidad.
Sus intereses abarcaban desde la balística y la construcción de automóviles de carreras hasta la fotografía y la microscopía. En estos primeros años, el libro también menciona su servicio en la Marina durante la Primera Guerra Mundial y sus viajes a laboratorios europeos para el Gobierno estadounidense. Rife adquiría los conocimientos que le permitían convertir por sí mismo una idea de investigación en un instrumento construido con precisión.
En 1917 comenzó a fabricar su primer microscopio y lo terminó en 1920. En esa época construyó también su primer instrumento de radiofrecuencia. Al observar los organismos, le interesaba saber si sus distintas propiedades químicas y eléctricas implicaban también respuestas diferentes a las frecuencias eléctricas. Para experimentar necesitaba microscopios, tubos, componentes electrónicos, equipos fotográficos, cultivos de laboratorio y animales. Los industriales Timken y Bridges financiaron el laboratorio y las primeras investigaciones.
Un colaborador recuerda a Rife en el trabajo
Lynes acerca al lector a su forma de trabajar mediante el recuerdo que un colaborador relató en 1958. Este describe a un hombre que fabricaba sus propios microscopios, un micromanipulador (un dispositivo para mover objetos diminutos con gran precisión bajo un microscopio) y pequeños instrumentos quirúrgicos, operaba con cuidado a los animales de experimentación y pasaba largas horas inmóvil ante las preparaciones. También recuerda el orden del laboratorio y la paciencia de Rife. Este retrato explica por qué sus colaboradores veían en él mucho más que al inventor de un solo aparato. [1]
Los años veinte: el deseo de ver lo vivo
El primer ámbito que el libro describe con detalle es la tuberculosis. Rife intentaba identificar la respuesta eléctrica de su agente causante y observar el efecto bajo el microscopio. Según Lynes, logró destruir las formas bacterianas observadas, pero algunos animales de experimentación murieron de todos modos. Rife dedujo que quedaba una forma más pequeña, invisible al ojo. Para estudiarla necesitaba otra manera de observar.
Entre 1920 y 1925 se prepararon aproximadamente veinte mil muestras de tejido cortadas y teñidas. Aun así, no encontró lo que buscaba. Creía que los colorantes químicos y la preparación de las muestras alteraban o destruían las estructuras diminutas antes de que el investigador pudiera examinarlas. De esa insatisfacción surgió la idea que Lynes denomina «tinción con luz»: el microorganismo se haría visible con la iluminación adecuada, sin la tinción química habitual.
Terminó el segundo microscopio en 1929. Un artículo en la portada del San Diego Union del 3 de noviembre describió el aparato y la búsqueda de una preparación más rápida de muestras vivas. Rife explicó al periodista la ventaja del investigador que también es mecánico: conoce la pregunta y puede fabricar por sí mismo la herramienta para responderla. Una descripción periodística posterior comparó su método con la astronomía, en la que el observador reconoce los cuerpos celestes por su luz.
En el capítulo sobre los años veinte, Lynes sitúa el inicio de las investigaciones de Rife sobre el cáncer en 1922. Para él, aquella década fue una etapa de trabajo perseverante que denominaba ciencia pura. Con la noticia de 1929 terminó la soledad: llegaron visitantes, cartas, peticiones de demostraciones y propuestas de colaboración. Al mismo tiempo comenzó la Gran Depresión. Lynes ve en ello el paso de una investigación relativamente libre a una década en la que Rife tendría que resolver, además de las cuestiones técnicas, problemas de dinero, prestigio e influencia. [1]
1931: el encuentro con Kendall y Johnson

En 1931 entraron en la vida de Rife dos apoyos fundamentales. Arthur I. Kendall dirigía la investigación médica en la Universidad Northwestern de Chicago. Milbank Johnson era médico, miembro de la dirección de un hospital de Pasadena y un influyente enlace entre los círculos médicos del sur de California. Kendall había oído hablar del peculiar microscopio y pidió a Johnson que comprobara los informes.
Johnson visitó a Rife con el patólogo Alvin G. Foord y otros dos médicos. Informó de lo que había visto a Kendall, quien llegó a California a mediados de noviembre. Trajo consigo su medio de cultivo, llamado K Medium. Kendall lo utilizaba para estudiar formas bacterianas lo bastante pequeñas como para atravesar filtros que retenían las bacterias corrientes. Ahora quería ver aquello que había establecido mediante cultivos y filtraciones.
El libro describe un experimento con el agente de la fiebre tifoidea. Tras el cultivo y varias filtraciones, los dos colaboradores observaron bajo el microscopio de Rife unos corpúsculos diminutos, móviles y de color azul turquesa. Lynes menciona dieciocho repeticiones de la prueba. En la explicación óptica presentada, resultaba esencial una iluminación polarizada (iluminación con luz cuyas oscilaciones se han orientado de una manera determinada) controlada: el ajuste de los prismas habría permitido un marcado contraste de color entre los corpúsculos observados y el fondo incoloro del medio de cultivo.
La cena, las noticias de prensa y las publicaciones de 1931
El 20 de noviembre, Johnson organizó una cena en honor de Kendall y Rife. Asistieron más de treinta médicos, patólogos y bacteriólogos. Los Angeles Times informó del acto dos días después y publicó más tarde una fotografía de ambos investigadores. La descripción periodística que recoge Lynes atribuía al microscopio un aumento de trabajo de entre 5.000 y 17.000 veces y destacaba la nueva disposición de las lentes, los prismas dobles de cuarzo y la potente iluminación.
En diciembre apareció en California and Western Medicine su artículo Observations on Bacillus Typhosus in its Filtrable State. El suplemento de noticias de la revista Science publicó el 11 de diciembre una nota sobre los corpúsculos filtrables visibles con el microscopio de Rife. A finales de mes, un periódico informó también de una presentación ante doscientos cincuenta científicos. Lynes presenta 1931 como el momento en que parecía que la nueva óptica y los cultivos de Kendall podían abrir una línea de investigación más amplia. [2]
1932: la disputa sobre bacterias, virus y formas de observar
Para explicar la importancia de los experimentos de Kendall, Lynes retrocede hasta la disputa entre Béchamp y Pasteur y el pleomorfismo, el cambio de forma de los microorganismos. Según su interpretación, la medicina había aceptado una separación demasiado rígida entre bacteria y virus e ignorado a los investigadores que relacionaban distintas formas dentro de un mismo ciclo vital. Sitúa el trabajo de Rife en esa tradición de investigación más larga y, a su juicio, relegada.
La interpretación de Béchamp sobre los cambios de los microorganismos
Lynes describe con más detalle la explicación de Béchamp: el cambio afectaría tanto al tamaño de las bacterias como a su forma. Béchamp llamó microzimas a esas partículas diminutas. Creía que un medio interno alterado permitía su desarrollo en formas asociadas a la enfermedad, mientras que unas mejores condiciones favorecían su retorno a formas menores, inofensivas o útiles. Aquí Lynes se apoya en E. Douglas Hume y su libro Béchamp or Pasteur. Recoge su idea de que la medicina podría haber seguido otro rumbo si estas investigaciones hubieran recibido otra acogida. Añade también su relato de la confirmación de los cambios de formas bacterianas por Henri en el Instituto Pasteur en 1914. [12]
Destaca en particular a Thomas Rivers, del Instituto Rockefeller. Rivers defendía una distinción según la cual un virus solo se reproduce en el tejido vivo de un huésped. Por eso, el informe de Kendall sobre formas diminutas y filtrables en un medio artificial afectaba al núcleo del debate de la época. Lynes no le atribuye únicamente una importancia teórica: considera que el prestigio de los principales investigadores estaba ligado también al acceso al dinero y a las posibilidades de reconocimiento profesional. [12]
Los investigadores posteriores y el debate sobre bacterias y virus
En el relato de Lynes, Kendall tampoco estuvo solo durante los años treinta. En su libro de 1974, Lida Mattman señaló que Kleineberger y Dienes ya habían descrito a mediados de aquella década el cultivo de organismos filtrables en medios sólidos y el seguimiento de su retorno a formas mayores. Lynes sitúa sus trabajos unos años después de los de Kendall y pregunta por qué no cambiaron la actitud hacia él. Después recurre al libro de Gerald J. Domingue de 1982: este destacaba la abundancia de observaciones experimentales y clínicas sobre las bacterias sin pared celular, junto con una gran laguna en el estudio de su papel en la enfermedad. [12]
El otro ejemplo de Lynes es Peyton Rous, del Instituto Rockefeller, que mostró en 1911 una relación entre un virus y el cáncer. El autor describe décadas dominadas por la explicación de la mutación somática, según la cual el cáncer surgía de un cambio en la propia célula; Rous no recibió el Nobel hasta 1966, cincuenta y cinco años después del descubrimiento, a los ochenta y seis años. Lynes recoge después una conclusión mucho más amplia de Mattman y Alexander-Jackson: como el agente de Rous supuestamente producía tanto ADN como ARN, lo relacionaban con una bacteria filtrable. Presenta este argumento como una objeción a la distinción de entonces entre virus y bacterias y como apoyo a su relato de formas de vida desatendidas. [12]
Kendall intervino los días 3 y 4 de mayo de 1932 en la reunión de la Association of American Physicians en Baltimore. Lynes relata que Rivers primero intentó impedir su presentación y después exigió que tanto él como Hans Zinsser pudieran hablar. Como no habían logrado reproducir los resultados de Kendall, lo llamaron mentiroso ante los asistentes. Sus defensores respondieron que los adversarios no habían seguido su procedimiento. William H. Welch salió en su defensa y calificó la observación de avance médico. Para Lynes, fue un momento decisivo en el que la autoridad personal e institucional frenó un interés más amplio.
El testimonio de la familia Rosenow y la crítica de Lynes
Aparte de la intervención de Kendall, Lynes incluye un testimonio familiar sobre Rosenow. Su hijo, Edward C. Rosenow Jr., contó que investigadores del Instituto Rockefeller casi habían acusado a su padre de falta de honradez experimental. Su padre le respondía que los adversarios sencillamente no querían escuchar. Resulta especialmente significativo el relato del hijo sobre sus años de estudiante en Harvard: Zinsser supuestamente le admitió que ni siquiera había utilizado el medio de Rosenow padre al intentar sin éxito repetir sus experimentos. Lynes ve aquí algo más que una diferencia de procedimiento: presenta un rechazo formulado antes de comprobar realmente las condiciones en que se basaba el informe original. [12]
El autor no dirige sus críticas solo contra los adversarios. En un capítulo posterior reprocha a Kendall que, durante su presentación y su defensa, no mencionara a Rife ni destacara la importancia de su microscopio. En opinión de Lynes, debía haber centrado la atención en el instrumento que permitía mostrar las observaciones. En cambio, el debate quedó atrapado en la pugna entre escuelas bacteriológicas opuestas.
Del 5 al 7 de julio, Edward C. Rosenow, de la Clínica Mayo, trabajó con Kendall y Rife en el laboratorio de Kendall en Chicago. Informó sobre los corpúsculos turquesa observados en una publicación de la Clínica Mayo y, el 26 de agosto, en Science. En una carta a Rife subrayó especialmente la importancia de la iluminación monocromática (iluminación con luz de un solo color o de un intervalo estrecho de longitudes de onda) y le pidió que explicara sus principios físicos. Rife ya estaba orientando sus esfuerzos hacia un nuevo objetivo: utilizar el medio de Kendall para buscar el organismo que asociaba con el cáncer. [2] [7]
Medicina y poder: el trasfondo del relato de Lynes
Lynes no escribe únicamente la biografía de un inventor. En el capítulo dedicado a la medicina estadounidense intenta explicar por qué un método que considera eficaz no pudo llegar a un uso más amplio. Describe las relaciones entre asociaciones médicas, instituciones privadas de investigación, empresas farmacéuticas, publicidad y, posteriormente, organismos públicos. Su acusación principal es que los intereses de estos grupos se impusieron a la disposición a examinar el trabajo de un investigador ajeno a su círculo.
Cómo explica Lynes el poder de las instituciones y la financiación de la investigación
Para explicar el poder de la AMA, Lynes se remonta a su reorganización de 1901. Según su relato, se convirtió en una federación de asociaciones médicas de los estados, vinculando la pertenencia a las sociedades médicas locales con la afiliación estatal. Así fue abarcando a la mayoría de los médicos. La acreditación de las facultades de medicina le dio después influencia sobre la formación, las normas y las prácticas aceptables. Lynes relaciona también esta evolución con las licencias para ejercer: en su interpretación, el médico que persistiera fuera de los límites admitidos arriesgaba su futuro profesional. Este es el contexto de sus posteriores descripciones de presiones sobre los usuarios de los instrumentos de Rife. [12]
Atribuye un papel especial a Morris Fishbein y a la Asociación Médica Americana, la AMA. Se apoya también en el escritor Morris A. Beale, que criticaba la relación entre la publicidad en revistas médicas y la aprobación de productos. De su exposición toma el caso del preparado Maelum: a su aprobación siguió una oferta de publicidad y, tras rechazarla, se retiró la aprobación. Lynes presenta así un patrón comercial en el que después encuadra el testimonio de Cullen sobre el intento de adquirir una participación en la tecnología de Rife.
Por eso el libro también pregunta dónde estaba el gobierno federal cuando la colaboración en torno a Rife encontró dificultades en 1938–1939. Lynes responde que los NIH aún eran una institución pequeña que apenas se estaba instalando en su sede permanente de Bethesda, mientras que el National Cancer Institute se había creado en 1937. La financiación federal de la investigación del cáncer estaba empezando. Al mismo tiempo describe las gestiones de Fishbein en Washington en 1938 contra el primer intento de Roosevelt de establecer un programa nacional de salud. El autor combina ambas circunstancias para explicar por qué, a su juicio, no había un contrapeso externo suficientemente fuerte ante las decisiones de las organizaciones médicas. [12]
Otra parte de su explicación se refiere a la financiación de la ciencia. El Instituto Rockefeller, las fundaciones privadas y las empresas farmacéuticas tenían una influencia importante en la elección de las líneas de investigación. Para la etapa posterior, el libro destaca a Cornelius P. Rhoads, Memorial Sloan-Kettering y la American Cancer Society. Lynes relaciona sus orientaciones con la oposición a las investigaciones de Livingston y de otros defensores de una explicación microbiana del cáncer.
Lynes relaciona la orientación posterior de Rhoads con su dirección del servicio de guerra química entre 1943 y 1945 y con su defensa de la quimioterapia después de la guerra. A su relato de la retirada del apoyo al laboratorio de Livingston añade una investigación fiscal supuestamente instigada por una figura influyente de Nueva York a la que no identifica. Presenta la American Cancer Society como una organización fundada en 1913 por John D. Rockefeller Jr. y sus socios empresariales. Entre sus dirigentes de posguerra enumera ejecutivos farmacéuticos, publicistas, miembros del patronato de Sloan-Kettering y defensores de los tratamientos establecidos. Apoyándose en Ralph Moss, sostiene que la distribución de fondos de investigación consolidaba alianzas y dificultaba el trabajo de los adversarios. [12]
El capítulo no termina simplemente enumerando intereses. A través de Moss, Lynes recoge la idea del quimioterapeuta David Karnofsky de que un tratamiento debe juzgarse por si funciona: no deberían decidir la reputación de su promotor, el atractivo de su teoría, los apoyos famosos ni los testimonios de pacientes. Añade el énfasis del Nobel Charles Huggins en curar el cáncer. Lynes vuelve ambas ideas contra las instituciones que critica. Concluye que incluso una explicación inusual debería recibir una oportunidad justa de someter sus resultados a prueba. Después utiliza este principio como criterio al juzgar las reacciones ante Rife. [12]
Ese trasfondo explica la dureza del subtítulo Fifty Years of Suppression. El autor cree que el trabajo de Rife no se perdió por casualidad, sino por una serie de decisiones de personas capaces de impedir la financiación, la publicación o el uso de los aparatos. Con esa perspectiva sigue también los acontecimientos posteriores: el entusiasmo inicial de los médicos, la búsqueda cada vez más difícil de apoyo y la posterior ruptura de la colaboración. [12]
1932–1933: BX, el instrumento de frecuencias y el Microscopio Universal

En 1932, Rife recibió una muestra de tumor de mama del centro Paradise Valley, en National City. Los primeros cultivos no mostraron lo que buscaba. Según el relato publicado más tarde en un artículo de Newall Jones, el cambio llegó cuando un cultivo quedó junto a un tubo de argón excitado eléctricamente. Rife observó entonces unas partículas diminutas de color rojo violáceo. Las denominó BX y las consideró el virus del carcinoma. La primera descripción de sus características en el libro lleva la fecha del 20 de noviembre de 1932.
Más detalles sobre cultivos, experimentos e interpretaciones de Rife
Lynes afirma que Rife y su ayudante de laboratorio E. S. Free repitieron el procedimiento ciento cuatro veces con el mismo resultado. En la explicación posterior de Rife aparecen cuatro formas: BX, BY, de mayor tamaño y relacionado con el sarcoma, una forma monocócica (una forma compuesta por bacterias esféricas individuales) en los monocitos (un tipo de glóbulos blancos) sanguíneos y una forma fúngica denominada Cryptomyces pleomorphia. Rife sostenía que podían transformarse unas en otras según el medio de cultivo. En el informe de 1953 describió más de trescientas repeticiones de un ciclo en el que aparecían tumores tras la inoculación (la introducción de material biológico en un organismo de experimentación) y de ellos volvía a obtener BX.
Lynes considera especialmente reveladora otra descripción de Rife. Un cultivo fúngico procedente de la muestra original de un tumor de mama no ulcerado habría permanecido latente durante un año antes de regresar a su medio a base de espárragos. Rife informó de que ya no encontró la forma fúngica, la monocócica ni las formas BX o BY, sino un bacillus coli que, según él, respondería a las pruebas habituales de laboratorio. Lynes interpreta la historia como una ilustración llamativa del pleomorfismo: un cambio del entorno habría convertido al organismo en algo que otro observador clasificaría como una bacteria totalmente distinta. El énfasis recae en el relato de Rife sobre el origen del cultivo y su transformación. [3]
En el mismo informe, Rife mencionó más de cuatrocientos experimentos exitosos en animales antes de la aplicación en personas. Lynes presenta estas afirmaciones como el núcleo del recorrido desde el cultivo de laboratorio hasta la clínica. Al hacerlo, relaciona la explicación de Rife con el medio interno del organismo: Rife atribuía la enfermedad a la acción de los componentes químicos de los microorganismos sobre un metabolismo celular alterado. Por eso no le interesaban solo las formas visibles, sino también las condiciones en las que aparecían. [3]
Una nota final del capítulo amplía el relato al propio medio de cultivo. Lynes describe K Medium como un preparado de intestino de cerdo seco con una solución salina añadida. Según su resumen, irradiar el cultivo habría aumentado la virulencia (la capacidad de causar una enfermedad o una forma más grave de ella) del supuesto agente y acelerado la formación de tumores en los experimentos. Después atribuye a Rife otras afirmaciones: que la carne de cerdo y las setas proporcionaban un entorno natural para el crecimiento del organismo y eran una causa natural de cáncer, y que también lo había encontrado en orquídeas. El libro incluye estas afirmaciones como parte de su reflexión más amplia sobre los medios, los alimentos y el entorno interno que supuestamente determinaba el comportamiento microbiano. [3]
El instrumento de frecuencias complementaba al microscopio. Rife creía que cada microorganismo tenía una respuesta eléctrica característica y que una frecuencia adecuada podía inactivarlo. La llamó Mortal Oscillatory Rate, o MOR. En la descripción periodística citada por Lynes, la explicación se compara con la resonancia de un diapasón o con la respuesta del vidrio al sonido. El libro describe un generador, la amplificación de la señal y un tubo lleno de gas, así como informes de desintegración o cese del movimiento de los organismos observados. El microscopio permitía seguir el experimento y el aparato de frecuencias actuar sobre la preparación. [7]
Microscopios, óptica, comparaciones y clasificación de los organismos
En 1933, Rife terminó el Microscopio Universal, el mayor y más conocido de sus instrumentos. Lynes atribuye al microscopio de 1929 un aumento de trabajo de entre 5.000 y 17.000 veces; para el Universal cita, con la terminología de entonces, una «resolución» de 31.000 veces y un aumento de 60.000 veces. La descripción de Seidel recogida en el libro enumera 5.682 piezas. Según Seidel, entre la fuente de luz y la preparación había dos prismas circulares de cuarzo en forma de cuña que polarizaban la luz. Otros prismas habrían vuelto a orientar los rayos en paralelo antes de que se cruzaran dentro del instrumento. Rife destacaba la iluminación monocromática ajustable y la posibilidad de fotografiar y filmar los fenómenos observados.
El libro presenta la secuencia completa como cinco microscopios: el instrumento de 1920, el segundo de 1929, el Universal oficialmente terminado en 1933, otro de 1934 y el último, iniciado en 1937 y finalizado en 1952. Lynes señala que el Universal quizá ya se utilizara en 1932, todavía incompleto, y que los aparatos posteriores incorporaron piezas de los anteriores. La secuencia cuenta, por tanto, una larga historia de modificaciones y mejoras, más que la de cinco objetos totalmente independientes. El comienzo del último microscopio antes de la guerra y su finalización tras la vuelta de Rife al trabajo enlazan dos períodos muy distintos de su vida. [3]
Seidel asociaba determinados microorganismos con colores característicos: la forma filtrable del agente de la fiebre tifoidea con el turquesa, la del agente de la tuberculosis con el verde esmeralda y BX con el rojo violáceo. Lynes ve en ello la singularidad de un instrumento que no solo ampliaba, sino que, según esa descripción, permitía reconocer las formas vivas por su luz. En 1933, Rife escribió también el artículo Viruses and Rickettsia of Certain Diseases e invitó a otros investigadores a comprobar sus observaciones. Mientras se construía el microscopio continuaban los experimentos con cultivos y animales; Johnson preparaba ya el siguiente paso. [3] [7]
El libro ofrece una comparación posterior mediante una demostración de un microscopio menor de Rife ante médicos el 16 de mayo de 1942. Según el informe que Lynes toma del texto del Smithsonian, se observó una retícula Zeiss primero con un instrumento ordinario y luego con el de Rife. El primero habría mostrado cincuenta líneas con aberraciones cromáticas y esféricas; el segundo, cinco líneas muy ampliadas ocupando todo el campo, sin tales aberraciones aparentes. Después se comparó un frotis de sangre sin teñir: el informe describe cien células en el campo del microscopio ordinario y diez en el de Rife. Lynes utiliza esta descripción para respaldar su énfasis en el aumento y la claridad de la imagen. [3]
El conjunto documental termina con un cuadro comparativo de las características de bacterias y virus en el apéndice X. Junto a los nombres de los organismos, la tabla clasifica su movilidad, sus cambios de forma, sus propiedades químicas o de polarización, su longitud y anchura, y sus respuestas al calor, los rayos y otras condiciones. También indica los colores con los que supuestamente podían observarse. Añade formas filtrables a las formas bacterianas habituales, entre ellas el supuesto agente del cáncer. Muestra así cómo Rife intentaba organizar observaciones individuales en un sistema de investigación común. En el libro es un documento histórico de su clasificación que complementa la descripción del microscopio, los cultivos y el instrumento de frecuencias. [14]
1933–1934: Johnson abre el camino hacia los pacientes
Johnson desempeñaba en esta historia un papel distinto al de Rife. Organizaba visitas, escribía cartas, contactaba con médicos e intentaba reunir un grupo que trasladara la investigación al ámbito clínico. En julio de 1933 se puso en contacto con Karl Meyer, director de la Fundación Hooper de San Francisco. En febrero de 1934 lo llevó al laboratorio de Rife.
Qué dicen las cartas de Johnson sobre las respuestas de sus colegas
En cartas a Rife y a Kendall, Johnson describió el entusiasmo de Meyer; este escribió después que seguía pensando en lo que había visto y deseaba volver con su propio material de investigación. Más adelante, Lynes compara estas cartas con declaraciones más reservadas de Meyer y Foord sobre su participación. En esa diferencia ve un ejemplo de cómo antiguos partidarios empezaron a distanciarse de Rife cuando se agravaron los conflictos.
En la primavera de 1934, Johnson alquiló un espacio en la propiedad de la familia Scripps en La Jolla. El libro habla de un rancho, del edificio de una biblioteca o de un anexo. A principios de abril escribió a Kendall que, además de la cuestión científica, lo movía pensar en las personas que sufrían y morían de cáncer. Anunció a Rife que estaría en La Jolla desde mediados de junio hasta mediados de septiembre y que deseaba probar el método en una persona si el trabajo había avanzado lo suficiente.
Los acuerdos sobre las instalaciones y el comité de investigación
El 30 de abril invitó a Rife a visitar el edificio de la biblioteca antes de cerrar definitivamente el acuerdo sobre su uso. En el relato de Lynes, el trabajo clínico está relacionado con el Comité Especial de Investigación Médica de la Universidad del Sur de California, dirigido por Johnson. El autor respalda también la existencia y la continuidad del comité con la entrada biográfica de Johnson en Who’s Who correspondiente a 1944–1945. La clínica de verano se convierte así en el centro de una colaboración de varios años, no en un acontecimiento aislado. [3] [4]
El verano de 1934: dieciséis pacientes en La Jolla
Según la descripción de Lynes, llegaron a la propiedad Scripps dieciséis personas en un estado muy grave. El libro las describe como pacientes con cáncer y otras enfermedades, mientras que el informe de Rife habla de casos de diversas afecciones malignas. Lynes presenta la clínica como el principal éxito del trabajo de Rife: a la investigación de laboratorio siguió la aplicación en pacientes a los que los médicos participantes describen como curados.
Cómo describe el libro el desarrollo de los tratamientos
El libro también describe la clínica como una etapa de aprendizaje durante el propio trabajo. Según su relato, los médicos repetían inicialmente los procedimientos con mayor frecuencia y después alargaron los intervalos. Rife lo explicaba por una supuesta acumulación de productos de degradación y la necesidad de que el cuerpo los eliminara. En su informe posterior subrayó que los pacientes no sentían dolor, ruido ni otro estímulo perceptible mientras funcionaba el instrumento; supuestamente solo veían un tubo encendido. También escribió que no se usaron dietas especiales y que no se observó un aumento de la temperatura corporal. Lynes ofrece estos detalles como descripción histórica de la organización del primer ensayo y de la explicación de Rife sobre la recuperación comunicada. [4]
En un informe fechado el 1 de diciembre de 1953, Rife escribió que, después de tres meses, el equipo médico había declarado clínicamente curados catorce de los dieciséis casos. Mencionó a cinco médicos y al patólogo Alvin G. Foord; el libro cita también a Kendall, Couche, Meyer y otros participantes. Su explicación era que el instrumento inactivaba al microorganismo y después el cuerpo se recuperaba. Lynes relaciona ese informe con los testimonios médicos y la correspondencia conservada.
Las distintas indicaciones temporales y el caso de Tom Knight
El libro describe expresamente también a los dos pacientes restantes. En el capítulo quince afirma que fueron declarados curados un mes después del cierre de la clínica. En el capítulo dieciséis resume el acontecimiento con otro dato temporal: catorce pacientes en setenta días y los otros dos en noventa días. La introducción habla de los dieciséis en tres meses. Por tanto, la afirmación principal del libro es un resultado de dieciséis curaciones, aunque sus indicaciones temporales no son exactamente iguales; aquí las conservamos tal como están escritas. [4] [7] [9]
La carta de Kendall del 20 de septiembre de 1934 destaca especialmente a Thomas, o Tom, Knight. La lesión de su mejilla podía observarse y medirse, por lo que Kendall registró sus dimensiones y los detalles de las exploraciones. En la carta anunció que informaría del trabajo de Rife al presidente del consejo de administración de la universidad. En esa misma carta calificó el trabajo de experimental y describió la necesidad de un aparato más potente. Las cartas posteriores de Johnson vuelven a Knight: en 1935 pidió a Rife que lo visitara y examinara su cara, los ganglios y el labio.
En una declaración de 1956, James Couche describió a un agricultor con cáncer de estómago al que había visto en la clínica. El hombre estaba tan debilitado que, al examinarlo, Couche pensó que ya no se podía hacer nada por él. Según su testimonio, se recuperó en unas seis semanas a dos meses, viajó a su granja en El Centro, pasó una noche en vela junto a una vaca enferma y regresó. Después de esa visita, Couche quiso conseguir su propio instrumento. El libro dice que lo utilizó en su consulta durante veintidós años; en el mismo testimonio describe también la recuperación de un niño con osteomielitis (una infección de los huesos).
El testimonio de Couche sobre un niño con una infección ósea
El otro recuerdo detallado de Couche se refiere a un niño mexicano de nueve años con osteomielitis en una pierna, que llevaba una férula y usaba muletas. Según el médico, le limpiaban el hueso semanalmente en el hospital Mercy, por lo que llegó a su consulta aterrorizado ante la posibilidad de más dolor. Couche contó que primero le mostró el instrumento en su propia mano y después lo utilizó sin quitarle el vendaje ni la férula. Afirmó que la herida se cerró en menos de dos semanas y que el niño se convirtió después en un hombre fuerte sin recaídas. Lynes presenta el relato como un recuerdo personal de Couche sobre un uso posterior en su consulta. [4]
Lynes no oculta los problemas de documentación. En diciembre de 1935, Johnson explicó a Mildred Schram que inicialmente había dirigido la clínica para convencerse por sí mismo de la acción del instrumento en un cuerpo vivo. Sin enfermeras ni secretarias, las notas eran veraces, pero fragmentarias y no estaban preparadas para una revisión detallada por otros investigadores. Ahora que buscaba un apoyo más amplio, reconocía la necesidad de llevar los registros de otra forma.
El autor relaciona la pérdida posterior de documentos con el préstamo de los registros de Rife a Arthur Yale, su posterior disputa por las modificaciones del aparato y la desaparición del material universitario después de la muerte de Johnson. Pese a las lagunas, considera que las cartas, el informe de 1953, los testimonios médicos y la continuidad del trabajo clínico confirman suficientemente la historia que cuenta. Su conclusión es que la clínica fue una experiencia inicial con grandes resultados, de la que podría haber surgido un trabajo más amplio con el apoyo adecuado. [4]
1935: nuevos aparatos, colaboradores y una segunda clínica
Siguiendo la comparación de Johnson, Lynes llamó al año 1935 una ascensión a una montaña. Se desarrollaban al mismo tiempo los instrumentos, los planes de un nuevo laboratorio, los preparativos de una segunda clínica y las conversaciones con posibles financiadores. El periodista Newall Jones conocía la historia desde septiembre de 1934, pero esperó hasta mayo de 1938 para publicar un relato periodístico más extenso.
Un visitante importante fue el investigador de Montreal O. Cameron Gruner. Había obtenido una forma fúngica de la sangre de pacientes en su medio de cultivo a base de espárragos. Según Lynes, Rife obtuvo BX del cultivo de Gruner en el medio K y, de su propio BX en el medio de Gruner, volvió a obtener la forma fúngica. Johnson resumió posteriormente sus experimentos como la conclusión compartida de que eran distintas formas del mismo organismo. Por ello trató de llevar a Gruner a San Diego para una colaboración más prolongada.
La señora Young, el trabajo de laboratorio y el desarrollo de los instrumentos
Entre las reproducciones de las cartas de Johnson figura también el caso de la señora Young. En mayo de 1935 informó de una reducción de los bultos del cuello y propuso otra visita. En una carta de septiembre describió el resultado de Foord sobre una cobaya inoculada con material de sus ganglios: el examen confirmaba una infección tuberculosa. Johnson consideró después los gránulos de Much como otra posible forma del mismo organismo y la necesidad de investigar su respuesta al instrumento. La carta muestra también las consultas con George Dock y la cautela ante una posible reacción. En el escaneo utilizado, la carta de mayo aparece dos veces; es el mismo documento, no dos testimonios distintos. [14]
Philip Hoyland se incorporó al trabajo electrónico. Colaboró con Rife, Jack Free y Johnson en una nueva versión del generador, terminada en septiembre. Las cartas de Johnson describen la compleja sincronización entre el aparato nuevo y el antiguo, así como la gran cantidad de ajustes posibles. El libro presenta estas versiones como parte de un desarrollo continuo destinado a mejorar la precisión, la reproducibilidad y la utilidad de los instrumentos.
Rife construyó también un microscopio más pequeño para un uso más extendido en los laboratorios. Johnson estimaba el coste del Universal en unos 30.000–35.000 dólares, mientras que el modelo pequeño podría venderse por 1.000 dólares o menos. E. L. Walker, de la Fundación Hooper, pasó tres semanas en agosto aprendiendo a trabajar con el microscopio y los cultivos. Después continuó investigando en San Francisco, pero, según las cartas citadas por Lynes, tuvo que enfrentarse a la falta de colaboración y de muestras de tejido.
En la primera semana de noviembre, Johnson abrió la segunda clínica en el hospital Santa Fe de Los Ángeles. Esta vez llevó registros clínicos más cuidadosos. Al mismo tiempo siguió a algunos pacientes de 1934, entre ellos Tom Knight y Wayne Grayson. A finales de año, el comité se reunió en Los Ángeles. Lynes resume aquel año como un avance importante en los instrumentos, la colaboración de laboratorio y el trabajo clínico, mientras seguía pendiente la cuestión decisiva de la financiación. [5]
1935–1937: dinero, comprobaciones y una colaboración frustrada
Al principio, la International Cancer Research Foundation de Filadelfia parecía ofrecer un apoyo que permitiría a Rife ampliar sus investigaciones. En marzo de 1935 pidió información y fotografías; en junio, Johnson supo que también cuatro compañías de seguros estaban interesadas en financiar el trabajo si la fundación lo aprobaba. Su secretaria, Mildred Schram, visitó el laboratorio en julio, pero tenía prisa. Johnson le recordó que Walker había necesitado tres semanas para familiarizarse con los procedimientos. Schram envió después ratones y pidió que se identificaran los agentes de sus tumores. Johnson respondió que hasta entonces se habían ocupado del organismo que relacionaban con el cáncer humano y que esas nuevas tareas supondrían una desviación considerable del trabajo previsto.
La correspondencia sobre financiación, las pruebas adicionales y los informes clínicos
En una carta del 15 de octubre de 1935 utilizó la imagen de una ascensión: quien baja repetidamente y empieza otro camino puede agotarse antes de llegar a la cumbre. El presidente de la fundación, William H. Donner, mostraba gran interés, mientras Schram insistía en sus propias pruebas. En diciembre comunicó el aplazamiento de la decisión sobre el apoyo, aunque abandonó la exigencia inicial y pidió en su lugar detalles de la clínica de 1934 respaldados por la autoridad de George Dock. Johnson volvió a proponer varias semanas de trabajo conjunto con un representante cualificado de la fundación. Lynes interpreta ese largo intercambio de cartas como un ejemplo de cómo las exigencias personales y los procedimientos institucionales se impusieron a una investigación prometedora.
A principios de 1936, Johnson y Henry Timken organizaron la construcción del nuevo laboratorio. Los cimientos se pusieron en abril y Rife se instaló a finales de julio. Mientras tanto, él y Hoyland renovaban la electrónica y desarrollaban una nueva manera de generar y estudiar las formas de onda. La visita de Donner abrió la posibilidad de una demostración en Filadelfia. Rife llegó allí el 9 de mayo de 1936. Según una carta posterior de Johnson, le entregaron seis o siete tumores sin informes patológicos (informes de exámenes de tejidos que ayudan a determinar la naturaleza de una enfermedad). Rife comunicó que todos salvo tres habían sido irradiados; de los tres restantes obtuvo, mediante su procedimiento, el BX característico.
El micólogo (un investigador que estudia los hongos) Dodge trabajó con Rife. Johnson destacaba que habían trabajado juntos, registrado cada paso y firmado ambos las notas diariamente. Por eso lo decepcionó profundamente la carta de Donner del 22 de mayo, que anunciaba que no habría apoyo durante al menos unos cien días más. Consideraba incumplida la promesa de ayuda tras una demostración satisfactoria. Propuso que, en vez de pagar a un nuevo investigador en Filadelfia, se financiara el trabajo de Gruner junto al microscopio de Rife en San Diego. Donner lo rechazó el 2 de junio. La fundación quería continuar sus propias pruebas; cuando volvió a escribir a Rife en otoño, este ya no respondió.
Entre los informes individuales conservados, Lynes destaca también una carta del oftalmólogo Harry Goodman fechada el 28 de abril de 1936. Se refería a Julia M. Gowdy, a quien había examinado el 23 de marzo. Goodman comunicó a Johnson una mejora de la visión del veintinueve por ciento en un ojo y del diez por ciento en el otro durante algo más de un mes. También describió el avance mediante una tarea cotidiana: antes le costaba leer la guía telefónica, pero ahora encontraba los números mucho más deprisa. En el relato de Lynes, estas cartas relacionan los informes generales de Johnson sobre problemas oculares con un nombre, fechas de revisión y la observación de otro médico. [5]
El trabajo local continuó. En septiembre de 1936, Couche y Jack Free iniciaron una nueva actividad clínica en San Diego. Lynes cita sus notas, según las cuales los tres primeros pacientes con cáncer se recuperaron por completo. Ese mismo mes, Johnson abrió una clínica en una residencia de ancianos de Pasadena. Escribió a Gruner sobre pacientes con tuberculosis, carcinoma, úlceras y otros problemas, y sobre resultados que su interlocutor difícilmente creería sin una visita personal. A Meyer le describió una mejoría extraordinariamente rápida de las heridas. En diciembre llegó además una noticia de Walker desde San Francisco: primero habría aislado por sí mismo la forma fúngica y después, de un tumor de mama, unas partículas móviles coloreadas que supuso que eran el BX de Rife.
El trabajo de Walker se interrumpió poco después. En abril de 1937, una enfermedad lo obligó a dejar la investigación; otro médico lo sustituyó, pero, según Lynes, no logró avances. A mediados de año, el trabajo de San Francisco estaba prácticamente terminado. Johnson destacó que Walker solo había obtenido cinco o seis tumores de sus colegas cirujanos en aproximadamente un año y medio, y consideró su falta de cooperación un obstáculo fundamental. Rife también tenía problemas de salud: sus ojos exigieron otra visita a Louisville en mayo. El intento de repetición en laboratorio termina así con una combinación de enfermedad, material escaso y una continuación sin resultados. [5]
A principios de 1937, Johnson y Dock intentaron conseguir, a través de Charles Martin, fondos de McGill para la llegada de Gruner. El intento fracasó. El comité decidió que primero debía explicar con solidez el origen del cáncer y solo después presentar públicamente el tratamiento. Johnson quería evitar anuncios prematuros y falsas esperanzas; Lynes califica esa prudencia como una oportunidad perdida de consecuencias fatales. Johnson cerró la clínica de Pasadena el 28 de mayo de 1937 y escribió a su colega Heitger sobre la recuperación de la visión en numerosos pacientes con cataratas (opacidades del cristalino del ojo). Pasó el verano junto a Couche en La Jolla y en otoño volvió a atender pacientes en Los Ángeles. [5]
1937–1938: Beam Ray y la promesa de una producción más amplia
En otoño de 1937 se abrió una vía comercial. Philip Hoyland se trasladó a San Diego y se asoció con el promotor Hutcheson, el médico James Couche y Ben Cullen, amigo de Rife desde sus primeros años en la ciudad. Fundaron Beam Ray; Cullen aportó el capital inicial. Después de reflexionarlo, Rife aceptó con dos condiciones: los aparatos debían conservar los principios fundamentales de su instrumento y cada uno debía probarse a fondo antes de la entrega para comprobar su acción sobre los microorganismos. El libro enumera catorce instrumentos construidos: dos para Inglaterra, dos para Arizona y diez para médicos de California.
El pedido inglés y los problemas de entrega
En mayo de 1938 llegaron de Inglaterra B. Winter Gonin, W. V. Blewett y su colaborador Parsons. Encargaron un microscopio, hablaron de su distribución desde Londres y compraron los dos primeros aparatos Beam Ray antes de que se fabricaran. Cuando llegaron a Inglaterra en verano, sus conexiones eléctricas estaban sin terminar. Rife no se encontraba en San Diego cuando se enviaron y no los había comprobado. Lynes sospecha que Hoyland esperaba un viaje pagado para terminarlos allí. Tras unas cartas duras, Rife prometió la ayuda de su colaborador Henry Siner y previó acudir él mismo a mediados de 1939.
Richard Hamer alquiló inicialmente el tercer aparato para el Paradise Valley Sanitarium. Según Lynes, tuvo que retirarlo cuando otros médicos empezaron a perder pacientes, por lo que abrió una consulta en National City. Cullen contaría después que se realizaban aproximadamente cuarenta tratamientos al día, con dos operadores formados y unas historias clínicas cuidadosamente conservadas. Recordaba en especial a un hombre de ochenta y dos años de Chicago con una extensa lesión maligna en la cara y el cuello. Según su relato, tras varios meses de tratamiento solo quedó una pequeña mancha oscura y el paciente volvió a casa.
El relato de Cullen relaciona este caso con Morris Fishbein, una figura influyente de la Asociación Médica Americana. Fishbein habría conocido el tratamiento en Chicago y, por medio de representantes de Los Ángeles, habría intentado adquirir una participación en la empresa. Al rechazarse la oferta, Hoyland habría obtenido una costosa asistencia jurídica. Este consideraba que su contribución técnica merecía una participación mayor que la de los demás socios. Lynes presenta su demanda posterior como un intento de hacerse con el control de Beam Ray, respaldado por los intereses de la AMA. En esa conexión entre el conflicto comercial y la influencia de la asociación ve el comienzo de la destrucción organizada del trabajo de Rife.
En público, Rife seguía siendo prudente. En el artículo de Newall Jones del San Diego Evening Tribune de mayo de 1938 no quiso afirmar que hubiera curado el cáncer ni otra enfermedad. Destacó la destrucción observada de microorganismos, tanto en cultivos como, bajo ciertas condiciones, en tejidos vivos. Lynes contrapone después esa declaración al texto más rotundo de 1953, en el que Rife describió las curaciones de la clínica de 1934. Entre ambos textos se encuentran el fracaso de la financiación, la ruptura de la colaboración comercial y un largo periodo en el que tuvo que reconstruir su trabajo. [6] [7]
1939: un pleito ganado y un grupo deshecho
La visita de Siner a un centro médico de Nueva York
En enero de 1939, de camino a Inglaterra, Henry Siner visitó un centro médico de Nueva York. En una carta a Rife describió los edificios gigantescos y el espacio sorprendentemente pequeño dedicado a investigar las bacterias. Cuando mencionó un microscopio que, según explicó, mostraba formas invisibles para la óptica habitual, al principio lo rechazaron. Después mostró las publicaciones de Kendall y Rosenow; según su relato, el ambiente se transformó en un gran interés. Lynes utiliza esta escena para introducir el contraste entre el pequeño laboratorio de Rife y las poderosas instituciones médicas cuyas ideas establecidas, a su juicio, aquel amenazaba.
Rife preparaba su viaje a Inglaterra en mayo cuando recibió una citación judicial. La demanda de Hoyland contra Beam Ray llegó ante el juez Edward Kelly el 12 de junio de 1939. El abogado Bert Comperet representó a la sociedad. Lynes describe a Rife como un hombre que no supo desenvolverse en un contrainterrogatorio duro. Cullen recordaba sus manos temblorosas, el aumento del consumo de tabaco y la bebida con la que intentaba calmar los nervios. En su relato, fue precisamente entonces cuando empezó la dependencia que después interrumpiría repetidamente el trabajo en el laboratorio.
Durante el proceso y después, representantes de la AMA visitaron a los médicos y los presionaron para que abandonaran los aparatos bajo amenaza de poner en peligro su licencia profesional, según Lynes. Hamer devolvió pronto su instrumento. También se retiraron miembros del comité de Johnson, aunque Johnson persistió. El autor ve el conflicto judicial como parte de la misma presión que cerraba consultas, deshacía colaboraciones e impedía presentar públicamente los resultados alcanzados. Se apoya para ello en los recuerdos de los colaboradores y en el destino posterior del grupo de investigación.
Beam Ray ganó el pleito. Kelly negó a Hoyland la protección judicial que pedía porque no creía que hubiera actuado honestamente en sus negocios. Expresó su confianza en los demás directores de la sociedad, al tiempo que aclaró que el tribunal no juzgaba el valor del aparato. Lynes escribe que la supuesta participación de la AMA no se examinó durante el juicio y añade que, al terminar, Kelly habría ofrecido representarlos en una nueva demanda contra la asociación. Pero Cullen estaba arruinado, había perdido incluso su casa y tuvo que buscar empleo. La empresa había ganado, pero el grupo ya no tenía fuerzas para continuar el trabajo previsto.
La carta de Gruner, la cuestión de la observación y el incendio del laboratorio
Más adelante, en 1939, Gruner escribió a Johnson sobre un obstáculo muy similar. Describió una visita a Rous en el Instituto Rockefeller y la comparación de sus fotografías con la discusión sobre los «cuerpos elementales», que consideraba relacionados con BX. Tras visitar la investigación del organismo de Glover en Washington, concluyó que observaban la misma fase diminuta, aunque seguía abierta la cuestión de su desarrollo en cocos y bacilos. En su propia institución, un inmunólogo y un bacteriólogo comprobaron después su trabajo, según él ya predispuestos contra la existencia de cualquier microorganismo del cáncer. Informó de que los avances llevaban casi nueve meses detenidos. Lynes utiliza la carta para mostrar las consecuencias cotidianas de la gran disputa teórica. [6]
En la misma carta, Gruner defendía con firmeza el microscopio de Rife. Según él, ópticos londinenses se habían burlado recurriendo a la objeción de las longitudes de onda; consideraba que los problemas principales eran la iluminación y la voluntad del observador de examinar material vivo. Sostenía que los investigadores pasaban por alto en sus propias imágenes partículas que él reconocía. Lynes relaciona este pasaje con la biografía de Barbara McClintock, Nobel de 1983, escrita por Evelyn Fox Keller. De ella recoge la observación paciente, el conocimiento del organismo y la apertura a lo inesperado. La comparación le permite explicar por qué, a su juicio, disponer de un instrumento no garantiza que todos vean lo mismo. [6]
Lynes menciona también el incendio que destruyó el laboratorio de investigación de J. C. Burnett en Nueva Jersey en la primavera de 1939. Allí se llevaba quince años estudiando la energía eléctrica en relación con el cuerpo humano; el trabajo lo financiaba la esposa de Burnett, Cora B. Timken, pariente del patrocinador de Rife. El incendio se produjo mientras ambos visitaban a Rife en California. Lynes lo presenta como una coincidencia extraña en el año en que el grupo de San Diego estaba sometido a las mayores presiones. [6]
Los años cuarenta: la pérdida de apoyo y un microscopio sin prisma
Después de la disolución de Beam Ray, Johnson siguió buscando una vía hacia el reconocimiento. En 1942 envió su instrumento a Gruner, en Canadá. Lynes escribe que este lo dejó sin usar por miedo y después lo entregó a un sacerdote radioaficionado, que lo aprovechó para obtener piezas de radio. Couche perseveró en San Diego hasta mediados de los años cincuenta; según el libro, perdió por ello su pertenencia a la AMA. Todavía en 1944, Johnson se presentaba en sus datos biográficos como presidente del comité de investigación. Su muerte ese mismo año privó a Rife de su principal organizador y enlace.
Sospechas, comparaciones entre microscopios y destino del instrumento
Lynes describe varias sospechas en torno a la muerte de Johnson. Circulaba el rumor de que se disponía a publicar los resultados del tratamiento del cáncer justo antes de su hospitalización. El autor señala expresamente que los indicios de que lo hubieran silenciado son indirectos, pero añade que dos inspectores federales habrían considerado probable un envenenamiento al revisar el historial hospitalario a finales de los años cincuenta o principios de los sesenta. Después de la muerte de Johnson también se habrían destruido los registros del comité. Cullen lo relacionaba con el temor de la universidad a un asunto controvertido. En la narración de Lynes, la pérdida del hombre y la de los documentos son dos golpes contra el mismo trabajo.
Lynes sitúa un episodio anterior de la época de guerra en 1940–1941, cuando empezó a extenderse el microscopio electrónico. Según su relato, Rife viajó a Alemania y comparó el nuevo instrumento con su propia óptica de 1929. El autor le atribuye una valoración inmediata: su solución servía mejor al objetivo que perseguía, observar microorganismos vivos. En la explicación de Lynes, la preparación para la microscopía electrónica destruye el espécimen y elimina la posibilidad de seguir los cambios del mismo organismo vivo. Utiliza este episodio para explicar la divergencia entre el objetivo de Rife y la orientación posterior de la microscopía, que el libro relaciona con unos hábitos de observación distintos de toda una generación. [7]
El microscopio, mientras tanto, seguía atrayendo atención. Raymond E. Seidel comenzó a estudiarlo en 1942 y pasó tres semanas en el laboratorio. Junto con su coautora M. Elizabeth Winter publicó un artículo en el Journal of the Franklin Institute en febrero de 1944; ese mismo año se reimprimió en el informe anual de la Smithsonian Institution. Describía la compleja óptica, los prismas de cuarzo y la iluminación que, según él, permitía distinguir microorganismos vivos. El artículo mencionaba también su reacción a frecuencias letales. Según el libro, siguieron llegando cartas de laboratorios interesados durante varios años después de la publicación.
Entre 1944 y 1946, un nuevo técnico habría robado un valioso prisma de cuarzo del Microscopio Universal, dejándolo inservible. Lynes relaciona el episodio con la publicación del artículo de Seidel: ve en ella una ruptura del silencio y, en el robo, un ataque al instrumento que permitía continuar las observaciones. Seidel habría advertido que lo seguían; después, mientras conducía, una bala atravesó el parabrisas de su automóvil. El libro relata estos incidentes como parte de una intimidación más amplia contra quienes todavía hablaban públicamente de los descubrimientos de Rife.
Otros colaboradores desaparecían del trabajo común. A través de Cullen, Lynes afirma que Kendall habría recibido un importante pago, se habría retirado a México y allí habría perdido su patrimonio. Más tarde vivió con su familia en La Jolla, donde murió en 1959. Rife conservó su laboratorio hasta 1946 y después empezó a venderlo pieza a pieza. El libro describe una combinación de alcohol, falta de dinero y una interrupción de varios años de la investigación, incluidos dos años en un centro de tratamiento de adicciones del que finalmente habría escapado. En 1950 volvió a investigar. Esta vez John Crane estaba a su lado. [6] [7]
1950–1960: John Crane y una segunda generación de aparatos

John Crane conoció a Rife en 1950 y decidió dedicar sus conocimientos de electrónica y mecánica a continuar su trabajo. Obtuvo de Gruner uno de los esquemas originales del circuito e incorporó a la fabricación de nuevos instrumentos a Verne Thomson, especialista en electrónica de la policía de San Diego. Rife no quedó solo como maestro: según Lynes, él y Crane desarrollaron los aparatos juntos. Crane también lo animaba insistentemente a escribir. En abril de 1953 se publicó el primer material protegido por derechos de autor sobre el virus del cáncer; en diciembre se completó la descripción del tratamiento y al año siguiente se protegió también ese texto.
Desde 1954, Crane escribió al National Cancer Institute y a otros organismos públicos. El libro critica duramente la evaluación de un comité del National Research Council de ese año: según Lynes, sin examinar los instrumentos ni consultar a Rife, Gruner y Couche, concluyó que los descubrimientos no podían funcionar. El autor destaca que las instituciones públicas siguieron remitiéndose a esa evaluación durante mucho tiempo. Mientras tanto, Crane y Rife continuaban con recursos limitados. Como no podían construir un gran tubo de gas de alta potencia, entre 1954 y 1957 desarrollaron un instrumento más pequeño con contacto corporal.
La carta de Rife y las declaraciones de Tully y Blanche Jones
Rife también dejó su valoración de los instrumentos posteriores en una carta de 1956 que Lynes incluye al final del capítulo sobre el microscopio y el instrumento de frecuencias. Dijo que trabajaba con el instrumento desde 1921 y que su forma y funcionamiento habían cambiado con el avance de la electrónica. Aseguró que sus muchos años de investigación no le habían causado ninguna lesión ni otro efecto perjudicial, y describió el equipo como fiable y eficaz. Incluso llamó infalible al modelo más reciente y destacó su manejo sencillo. Lynes utiliza este testimonio del propio Rife para mostrar cuánto valoraba el inventor el desarrollo posterior a su nuevo comienzo con Crane. [7]
El apéndice T presenta una declaración del dentista Charles F. Tully del 1 de junio de 1954. Tully describió su propia inflamación de próstata y el caso de un amigo que, según afirmaba, había evitado una operación tras usar el instrumento. Mencionó también un lupus con eritema en mariposa, una lesión cancerosa que el médico que remitió al paciente consideraba incurable y su uso en problemas posoperatorios y dentales. Destacó que conocía el aparato desde hacía varios años, aunque su uso personal era más reciente. Cerró la declaración pidiendo más investigación. Lynes la incluye como testimonio firmado de un usuario práctico; son las afirmaciones de Tully sobre los resultados observados. [14]
Los apéndices dan también un nombre de paciente y una fecha de testimonio jurado para el trabajo posterior de Couche. El 16 de enero de 1968, Blanche H. Jones declaró que en abril de 1956 le habían extirpado una mama por cáncer; después de la operación, la enfermedad habría persistido y causado una fuerte secreción purulenta. Según su declaración, James B. Couche la trató con el instrumento de frecuencias en mayo de 1956. Afirmó que la secreción cesó y que el sarcoma, que en su testimonio relaciona con una biopsia, se había curado. Firmó el documento casi doce años después de los hechos descritos. Lynes lo reproduce como su declaración personal, certificada ante notario, sobre el resultado a largo plazo. [14]
En 1957, Crane consiguió la colaboración del médico Robert Stafford, de Dayton, Ohio, que quería realizar tratamientos clínicos y experimentos con ratones. Después de seis meses informó sobre cuatro pacientes con cáncer. En uno describió una mejoría notable e inesperada. Tres pacientes en fase terminal murieron, pero todos sintieron alivio después de comenzar las sesiones. Lynes incluye también la continuación del informe: se practicaron autopsias a dos de ellos, que, según el informe, mostraron otra causa de muerte y una cantidad sorprendentemente pequeña de células cancerosas. Stafford añadió que no había observado efectos perjudiciales entre treinta y tres personas atendidas por distintos problemas.
La colaboración de Stafford en la investigación y la evaluación del instrumento
En febrero de 1958, Stafford presentó sus hallazgos a ocho médicos del comité de medicina general de la Montgomery County Medical Society. Según el libro, mostraron interés y empezó a organizar un comité de investigación. Incluso pensó en fabricar y distribuir los aparatos en el este de Estados Unidos y buscó un ingeniero, un asesor de patentes y posibles inversores. También algunos médicos de Salt Lake City empezaron a utilizar el aparato, pero el consejo médico local los obligó a dejar de hacerlo en mayo de 1958. Lynes relata la amarga decepción de un paciente y cita a un médico que dijo a un colega que compraría de inmediato un aparato para su propia familia si alguno de sus miembros tuviera cáncer.
Ese mismo año se celebró una audiencia ante el departamento de salud de California. Lynes enumera el Palo Alto Detection Lab, el Kalbfeld Lab, el UCLA Medical Lab y el San Diego Testing Lab, y afirma que todos consideraron seguro el uso del instrumento. Aun así, el comité dirigido por el director de salud pública Malcolm Merrill habría declarado peligroso el aparato y lo habría prohibido. La diferencia entre las pruebas descritas y la decisión constituye uno de los argumentos centrales del libro para sostener que también esta nueva etapa de investigación fue detenida desde fuera.
Según Lynes, Crane logró dos nuevas mejoras técnicas en 1958 y 1960. Alquilaba los aparatos mediante contratos, recopilaba informes y organizaba la formación para evitar que los usuarios modificaran su construcción por su cuenta. Para obtener una patente y atraer inversores necesitaba demostrar la utilidad; para hacerlo a mayor escala necesitaba dinero y la colaboración de médicos. En 1960 había preparado un manual y distribuido noventa instrumentos destinados a la investigación y la comprobación mediante contratos notariales. Lynes describe ese momento como la proximidad de un nuevo avance decisivo, seguido de otra intervención de las autoridades. [8]
1960–1965: incautación, proceso penal y prisión
En 1960, unos investigadores entraron en la oficina de Crane y se incautaron de aparatos, componentes electrónicos y abundante documentación. Lynes estima el valor de los instrumentos en más de cuarenta mil dólares. Entre lo confiscado enumera informes de investigación, datos técnicos, cartas privadas, fotografías, facturas y grabaciones; también afirma que los investigadores no tenían una orden judicial. Después se habrían producido visitas a médicos y particulares que probaban los aparatos, así como presiones para que abandonaran el trabajo. El autor ve en ello la destrucción de la base de investigación que Crane y Rife habían construido durante una década.
Rife, que tenía casi setenta y tres años, se retiró a México. El proceso penal contra Crane se celebró a principios de 1961 y duró veinticuatro días. Lynes enumera detalladamente el material que, según él, la defensa no pudo utilizar: los registros de investigación incautados, la declaración de Rife, los informes médicos y científicos de los años treinta y cuarenta, los informes de Stafford y las cartas de Couche. Crane tuvo que apoyarse sobre todo en personas que habían utilizado los aparatos y estaban dispuestas a describir sus experiencias.
Los testigos, el perito y la selección del jurado en el relato de Lynes
En el juicio declararon catorce de esos usuarios. Entre ellos figuraba James Hannibal, de setenta y seis años, que habló de la desaparición de una catarata, y personas que describieron mejorías en problemas de vejiga e intestino, lesiones cutáneas, dolores y bultos. Lynes destaca especialmente al perito del Estado Paul Shea. Según el relato, este había tenido el aparato durante dos meses, pero admitió que no lo había probado ni había realizado experimentos; después de examinarlo concluyó que no tenía propiedades curativas. El autor afirma además que el presidente del jurado era un médico de la AMA y que los demás miembros habían sido seleccionados de modo que no tuvieran conocimientos médicos ni electrónicos y no leyeran periódicos favorables a los tratamientos alternativos.
Crane fue condenado a diez años de prisión. Tras los recursos, el Tribunal Supremo de California anuló dos de los tres cargos de la condena porque no se había demostrado una intención delictiva específica; pasó tres años y un mes en prisión. Este es el proceso penal de 1961, distinto del pleito civil en el que Beam Ray había vencido a Hoyland en 1939. Lynes escribe que, después de la condena, la presión alcanzó también a Stafford, que dejó la medicina y se convirtió en vendedor, y a un médico de Salt Lake City que se suicidó tras el sabotaje de su aparato y la continuación del acoso.
Crane no abandonó después de salir de prisión. En octubre de 1965 volvió a solicitar la aprobación del instrumento al consejo de salud pública de California, en nombre del Rife Virus Microscope Institute. Rife había regresado de México, pero permanecía en segundo plano. La respuesta del 17 de noviembre indicaba que no se habían demostrado la seguridad y la eficacia. Lynes describe aquí un círculo cerrado: sin una utilidad reconocida no había patente ni dinero, y sin la colaboración de médicos no era posible reunir las pruebas que exigían las autoridades.
La declaración de Chromiak y los casos de dos quiroprácticos
Otro testimonio documental es la declaración jurada de George Chromiak Jr. del 7 de enero de 1965. Describió una infección por Staphylococcus aureus contraída en 1960 mientras trabajaba en un hospital de Cleveland. Según su relato, se volvió resistente a los antibióticos, sistémica y crónica, provocando un sufrimiento prolongado y hospitalizaciones. Atribuyó al instrumento el alivio y la desaparición de la infección sistémica tras varios años de problemas. A la vez señaló daños permanentes en la mano derecha y la muñeca, con una disminución del uso de la extremidad. Por tanto, la declaración contiene tanto su convicción sobre el beneficio del aparato como las secuelas de la enfermedad que persistían. La concluyó defendiendo la libertad de investigación. [14]
Como ejemplo cita a dos quiroprácticos. Charles W. Bunner ofreció una declaración sobre el funcionamiento del aparato; después habría recibido la visita del mismo departamento que había exigido las pruebas, se le habría prohibido usarlo y se habría obtenido una orden judicial para destruir el instrumento. Tras su propia declaración, Les Drown habría recibido la visita de un colaborador de la American Cancer Society que intentaba sorprenderlo realizando una práctica prohibida; tuvo que entregar el aparato o arriesgarse a ir a prisión. Para Lynes, son dos ejemplos fundamentales de su tesis: las autoridades no solo rechazaban las pruebas presentadas, sino que impedían generar otras nuevas. [8]
Virginia Livingston y los investigadores que Lynes relaciona con Rife
Lynes no busca la continuación de la historia de Rife únicamente en los aparatos electrónicos. Dedica gran parte del libro a investigadores de los microorganismos cuyos resultados interpreta como una confirmación tardía de aquella línea de trabajo. En primer plano aparece Virginia Livingston-Wheeler, que también publicó con los apellidos Wuerthele-Caspe y Wuerthele-Caspe-Livingston. Según el libro, comenzó a estudiar tumores en el verano de 1947 y observó en ellos el mismo organismo. Al año siguiente, el trabajo de Eleanor Alexander-Jackson sobre las transformaciones del bacilo de la tuberculosis la animó a buscar cambios similares en el organismo que relacionaba con el cáncer.
Las primeras publicaciones y los vínculos entre investigadores
En marzo de 1948 presentó sus hallazgos junto al microscopista Roy M. Allen y en agosto los publicó en el boletín de la New York Microscopical Society. Después, Lynes relaciona varias líneas de investigación: el trabajo canadiense de Gruner, la visita de Couche en 1949, el descubrimiento de formas fúngicas por Irene Corey Diller y las observaciones de James Hillman en los laboratorios RCA. Según él, el artículo de Livingston de diciembre de 1950 mostraba la transmisión de la enfermedad a animales de experimentación y el nuevo aislamiento del organismo correspondiente. El autor lo interpreta como el cumplimiento de los postulados de Koch (reglas para comprobar si un microorganismo determinado causa una enfermedad determinada) y como un argumento importante a favor del origen bacteriano del cáncer que defendía.
Pero también aquí Lynes cuenta una historia de puertas que se cierran. Atribuye a Cornelius P. Rhoads, de Memorial Sloan-Kettering, haber impedido el simposio de Diller en 1950. Cuando el equipo de Livingston intervino en el congreso internacional de microbiología de Roma en 1953, el Washington Post informó de ello. Según el libro, después llegó el rechazo de la academia de medicina de Nueva York y la suspensión de los fondos del laboratorio Rutgers-Presbyterian, que Lynes atribuye igualmente a Rhoads. Livingston se quedó sin empleo y se trasladó a California, primero a Los Ángeles y, en 1955, a San Diego.
En el congreso de Amberes de 1958 encontró, según el libro, mucho más interés por el pleomorfismo y las aproximaciones inmunológicas. En 1959–1960 visitó a menudo el nuevo laboratorio de Rife y ayudó a conseguir ratones para los experimentos. Sus explicaciones de un microorganismo capaz de cambiar de forma eran afines, pero sus vías de tratamiento diferían: ella desarrollaba un suero y él un instrumento eléctrico. Lynes describe ese encuentro como un vínculo entre dos generaciones que habían llegado a preguntas similares por caminos distintos. Livingston continuó publicando e interviniendo en congresos, mientras los colaboradores de Rife afrontaban un nuevo proceso judicial.
Otros experimentos, investigaciones interrumpidas y propuestas posteriores
Lynes menciona aquí un experimento que la investigadora milanesa Clara Fonti realizó consigo misma en 1959. Según su relato, se introdujo un cultivo bacteriano que el libro relaciona con el cáncer, desarrolló después un tumor y se lo hizo extirpar quirúrgicamente. El autor presenta el episodio como una prueba humana que, a su juicio, repitió las transferencias anteriores entre sangre, tejido canceroso, cultivo fúngico y animales de laboratorio. El breve relato tiene mucho peso en su argumentación: quiere mostrar que el debate sobre el supuesto microorganismo no se limitó a observar preparaciones. [9]
La trayectoria de Livingston volvió a interrumpirse en 1962 por un infarto; según el libro, apenas trabajó hasta 1965. Entonces preparó un nuevo artículo con Alexander-Jackson. En 1966 participaron en un seminario para periodistas científicos en Arizona, pero al regresar a Columbia, Alexander-Jackson supo que su trabajo había sido detenido. Lynes relaciona el episodio con la continuidad de la oposición institucional. En mayo de ese mismo año, Rife y sus colaboradores intentaron interesar al Institute for Cancer Research de Filadelfia en el instrumento de frecuencias, pero la institución se retiró. Para el autor son otros dos ejemplos de colaboraciones interrumpidas justo al intentar una comprobación más amplia. [9]
En la etapa posterior, el libro destaca a Diller y Florence Seibert, que en 1967 informaron de haber aislado bacterias de todos los tumores que habían obtenido. En 1969, Livingston, Alexander-Jackson, Diller y Seibert intervinieron ante la New York Academy of Sciences; su artículo publicado en 1970 describía un microorganismo muy pleomorfo que relacionaban con diversas enfermedades malignas humanas y animales. Lynes escucha en esas descripciones el eco de Rife, Kendall, Rosenow y Gruner. Subraya especialmente que las investigadoras procedían de distintas instituciones.
Livingston abrió una clínica en San Diego con su marido en 1968. Según los datos que ella proporcionó y que recoge Lynes, hasta 1983 atendieron a más de diez mil pacientes con cáncer y alcanzaron un ochenta por ciento de éxito. En 1972 publicó Cancer: A New Breakthrough y después The Conquest of Cancer. Lynes relaciona sus publicaciones con el trabajo de Lida Mattman sobre formas sin pared celular de 1974 y el libro de Sorin Sonea y Maurice Panisset A New Bacteriology. Ve en ellos el retorno de preguntas que en la época de Rife habían quedado relegadas.
Lynes sitúa también los acontecimientos posteriores junto a la gran guerra contra el cáncer financiada con fondos públicos. Señala que Richard Nixon firmó el 23 de diciembre de 1971 una ley por valor de 1,6 mil millones de dólares y que, en 1985, el NCI gastaba 1,2 mil millones al año. En su libro de 1972, Livingston criticaba con dureza el gasto, los ensayos farmacológicos y el uso de pacientes sin su pleno conocimiento ni consentimiento. Lynes recoge sus cifras: quinientos millones de dólares en trece años, ciento setenta mil medicamentos probados y más de cien mil pacientes. Las utiliza para sostener su acusación de que los recursos y la influencia crecían mientras otras vías de investigación seguían sin apoyo. [9]
Lynes amplía su visión posterior a la alimentación y la prevención de enfermedades. Recoge las advertencias de Livingston sobre un supuesto microorganismo en las aves de corral y los huevos, así como su propuesta de inmunizar al ganado vacuno y a las aves con un suero. Después la relaciona con la idea de Rife de inactivar BX en la carne y con sus afirmaciones sobre el cerdo y las setas. El autor contempla también tratar la sangre en los bancos de sangre. Atribuye además a Livingston la propuesta de inmunizar tempranamente a los niños y la convicción de que el cáncer podría eliminarse en una década. El libro presenta estas ideas históricas como suyas y del autor: ilustran la amplitud del futuro que Lynes creía clausurado por la pérdida del trabajo de Rife. [9]
El relato cierra también un círculo personal. En 1976, Livingston se casó con Owen Wheeler, que había conocido a Rife de joven y pasado tiempo en su laboratorio. Ese mismo año, Christopher Bird publicó un artículo sobre el destino del microscopio de Rife. Para Lynes, esos dos encuentros significan que, pese a décadas de silencio, la historia no se había interrumpido: había sobrevivido en las personas, los documentos, los instrumentos y unas preguntas de investigación afines. [9]
The Victims: el coste humano en el relato de Lynes
El capítulo The Victims interrumpe la sucesión de laboratorios, cartas y procesos judiciales. Lynes quiere mostrar a las personas que, a su juicio, se ocultan detrás de las grandes cifras de muertos. Primero presenta a Dorothy Lynch, de Dorchester, Massachusetts, que durante su enfermedad buscó información sobre otros enfoques. Su recorrido aparece en Exploding into Life, un libro en el que, junto a su marido, el fotógrafo Eugene Richards, combinó textos y fotografías de la enfermedad y la vida hospitalaria. El segundo ejemplo es Mark Johnson, un niño de nueve años de La Crosse, Wisconsin, autor de los relatos The Great Planet Swap and Other Stories, que murió de leucemia después de cuatro años de enfermedad.
Lynes relaciona sus destinos con su acusación principal: está convencido de que la supresión del trabajo de Rife privó a las personas de posibilidades que podrían haberles cambiado la vida. Por eso el capítulo no es solo la descripción de dos personas, sino también una expresión de su ira y su tristeza. Lo cierra con una carta enviada a Rife por un oficial de la Marina en 1953. El autor recuerda sus visitas al laboratorio cuando era joven, admira sus microfotografías y lamenta que el mundo tenga que buscar de nuevo respuestas que, según cree, Rife ya había ofrecido. [11]
Cancer and AIDS: la perspectiva del libro en los años ochenta
En el capítulo Cancer and AIDS, Lynes amplía el relato a la epidemia que estaba surgiendo entonces. Su punto de partida sigue siendo la idea de Gruner de un organismo capaz de adoptar distintas formas y la relación que el autor ve entre Gruner, Livingston y Rife. Después presenta al médico y escritor Alan Cantwell. Cantwell afirmaba haber encontrado el mismo microorganismo en el cáncer y el sarcoma de Kaposi, que el libro relaciona con el sida. Por separado, defendía la hipótesis de que el mismo organismo también causaba el sida y sostenía que la investigación del sida debía considerar seriamente una explicación bacteriana. Lynes acepta estas afirmaciones como una continuación del antiguo debate sobre el pleomorfismo.
La interpretación de Gruner sobre la alimentación y la disputa sobre las líneas de investigación
El argumento de Gruner en este capítulo no es solo teórico. Lynes recoge su afirmación de que una comida con cerdo habría producido durante ocho o nueve horas un cuadro sanguíneo indistinguible del de un paciente con cáncer, antes de volver a la normalidad. La relaciona con la base porcina del medio K de Kendall y con la observación de Rife de que ese entorno favorecería el crecimiento del supuesto microorganismo canceroso. Utiliza así la descripción de Gruner para prolongar la tesis de que el organismo cambia según la alimentación o el entorno. Aquí el libro pasa de la explicación de laboratorio a una interpretación mucho más amplia de las relaciones entre comida, sangre y enfermedad. [11]
El libro contrapone a esta posición la de Robert Gallo, del National Cancer Institute, que rechazaba tajantemente esa explicación. Lynes afirma que el dinero se destinaba a las líneas de investigación establecidas, mientras que las demás quedaban excluidas. Cita también una investigación de Sloan-Kettering de 1975: según su relato, la presencia de un organismo en cultivos de sangre de pacientes con cáncer se interpretó como contaminación externa y el trabajo se dejó de lado. Para esa afirmación remite al libro de Raymond Brown sobre el sida, el cáncer y las instituciones médicas.
En su libro Aids: The Mystery and the Solution, Cantwell expresó su convicción de que «el sida es cáncer y el cáncer es sida». También especuló sobre si ciertas prácticas médicas habían contribuido involuntariamente a generar formas más virulentas de la supuesta bacteria. Al recoger sus afirmaciones, Lynes refuerza su advertencia: a su juicio, la nueva epidemia podía repetir la historia de un descubrimiento ignorado. El capítulo muestra cómo entendía el autor la urgencia de su libro en 1987: no quería solo reconstruir el pasado de Rife, sino conseguir que los lectores exigieran una nueva revisión de sus ideas y la apertura de otras vías de investigación. [11]
1968–1992: los últimos años, los documentos conservados y el libro de Lynes
En marzo de 1968, unos meses antes de cumplir ochenta años, Rife transfirió la propiedad del microscopio a John F. Crane. Según el documento descrito por Lynes, todavía tenía intención de patentarlo y los derechos corresponderían a Crane. Consideraba los instrumentos de frecuencias una invención conjunta, ya que ambos habían contribuido a las nuevas versiones. Murió en 1971. Dejó instrumentos, planos, correspondencia, fotografías y recuerdos de colaboradores, que se convirtieron en la base de los intentos posteriores de reconstruir su trabajo.
Crane, la conservación de los documentos y la historia posterior del microscopio
Crane desempeñó un papel fundamental en la conservación de ese material. Lynes reconoce su perseverancia y que no renunciara cuando otros se retiraron. Sin embargo, también lo critica duramente: carecía de la capacidad organizativa de Johnson, alejaba a profesionales, empresarios y juristas competentes y perdía años en demandas mal preparadas. En 1959 pidió ciento cincuenta millones de dólares a posibles inversores. Más tarde presentó por su cuenta extensas demandas contra el Estado de California, Nelson Rockefeller y muchos otros. Lynes considera que gastaba en ello una energía que debía haber dedicado a la investigación y la colaboración.
El artículo de Bird What Has Become of the Rife Microscope?, de marzo de 1976, volvió a acercar la historia a los lectores. Entre 1984 y 1988, el Microscopio Universal pasó por manos de grupos que pretendían restaurarlo, pero que, según el libro, no avanzaron. Finalmente fue necesario un procedimiento judicial federal para devolverlo a la empresa Rife Labs. Esta se había creado para reexaminar el trabajo con métodos científicos modernos. El final de la edición utilizada describe su evaluación prudente de los instrumentos electrónicos y la esperanza de poder retomar algún día la investigación interrumpida.
Barry Lynes conoció a Crane a principios de 1986. Según su propia presentación, inicialmente era escéptico, pero la cantidad de documentos conservados lo convenció de que debía escribir la historia. La primera impresión de The Cancer Cure That Worked! apareció en marzo de 1987; le siguieron otras, entre ellas la cuarta, de abril de 1992, en la que se basa este artículo. El prólogo de Mattingly pide que se reexamine el trabajo de Rife y reflexiona sobre cómo nuestras expectativas influyen en lo que somos capaces de ver bajo el microscopio.
El prólogo de Mattingly: observación, luz y formas cambiantes
En el prólogo, Mattingly empieza planteando la cuestión del propio observador. Las personas no tienen sentidos igualmente sensibles, y el conocimiento y la experiencia influyen en reconocer lo que se ve. El microscopio añade la elección de lentes, iluminación, tintes y preparación de la muestra. Por tanto, el prólogo trata tanto de la potencia del aparato como de la disposición del investigador a reconocer un fenómeno inesperado. Con un relato sobre grandes barcos que no se reconocían por quedar fuera del mundo conocido, Mattingly ilustra su idea de que lo evidente para un observador no lo es necesariamente para otro. Sitúa esta concepción de la mirada junto a la disputa de Rife con la microscopía establecida. [1]
El prólogo relaciona las microzimas de Béchamp con los endobiontes de Enderlein y los biones de Reich. Mattingly los considera partículas vivas diminutas, similares o quizá idénticas, observadas con distintos nombres; destaca el uso del campo oscuro (un método de microscopía en el que las partículas iluminadas destacan sobre un fondo oscuro) y las dificultades para aceptar métodos de observación inusuales. Considera aún menos conocida la iluminación de Rife. Después recurre a Gustave Le Bon y a investigaciones biofísicas posteriores sobre la interacción entre la luz y los sistemas vivos. Su explicación es que una luz ajustable podría sintonizar con la respuesta característica de un microorganismo y crear una resonancia que le diera la apariencia de iluminarse por sí mismo. Esta es la interpretación de Mattingly sobre el posible principio del instrumento de Rife. [1]
Mattingly amplía el pleomorfismo a una reflexión general sobre la vida. Relaciona los cambios de forma con el desarrollo del organismo, la evolución y la simbiosis, y rechaza la idea de que las bacterias deban ser una excepción. Utiliza la explicación de Béchamp para hablar de bacterias que procederían de partículas de los propios sistemas vivos y de las relaciones entre el entorno interno, las enfermedades degenerativas y las formas patológicas. A su juicio, estudiar preparaciones muertas y teñidas dificultaba comprender los procesos del organismo vivo. De estas reflexiones deriva la necesidad de un marco común para observar preparaciones vivas y de la disposición a reabrir viejas disputas teóricas. [1]
Mattingly se muestra prudente ante los nuevos microscopios: considera que la luz ultravioleta daña las bacterias observadas y que la mejora informática de las imágenes puede complicar aún más su interpretación. Menciona un instrumento francés poco conocido de los años sesenta, al que atribuye un aumento de 4.500 y una resolución de 150 ángstroms (unidades de longitud; un ángstrom equivale a una diezmilmillonésima de metro), con una combinación de campo oscuro, luz cercana al ultravioleta y láser. Por último, relata su propia observación de un proceso pleomórfico en muestras de sangre frescas sin tratar, mediante un microscopio de investigación y campo oscuro. Subraya la importancia del aprendizaje previo y la orientación. Cierra el prólogo pidiendo que los aparatos y el trabajo de Rife se reexaminen con imparcialidad a la luz de los nuevos conocimientos. [1]
Al final, Lynes invita a los lectores a escribir a sus representantes políticos y a los medios de comunicación. Quiere que el libro impulse acciones. La nota final del editor circunscribe su acusación a determinadas personas de décadas pasadas y, al mismo tiempo, expresa respeto por la dedicación de la mayoría de los médicos y cirujanos. Así, el relato termina con la misma esperanza que une a Rife, Johnson, Crane y los investigadores posteriores: que alguien vuelva a tomar los aparatos y documentos conservados, los estudie y permita continuar un trabajo que consideraban inacabado. [1] [8]
Principales hitos del relato
- 1888Rife nace en Elkhorn, Nebraska.
- 1913Se traslada a San Diego, donde desarrolla su trabajo mecánico y óptico.
- 1920–1929Construye los primeros microscopios e instrumentos eléctricos; en 1929 su trabajo atrae la atención de la prensa.
- 1931–1932Colaboración con Kendall y Johnson, primeras publicaciones científicas y disputa sobre la interpretación de las observaciones.
- 1933Finalización del Microscopio Universal.
- 1934Clínica de La Jolla; Lynes informa de dieciséis curaciones, aunque el libro presenta distintas cronologías de los resultados.
- 1935–1937Nuevos aparatos, clínicas adicionales, colaboración con Gruner y búsqueda infructuosa de una financiación más estable.
- 1938–1939Beam Ray amplía la fabricación de aparatos. Gana el pleito civil de 1939, pero el conflicto agota a los participantes e interrumpe el impulso comercial.
- 1944Publicación del artículo de Seidel y Winter sobre el instrumento; muerte de Johnson.
- 1950–1957Rife colabora con John Crane; se desarrollan nuevas versiones, incluidos aparatos más pequeños de contacto.
- 1960–1965Incautación de equipos, proceso penal y encarcelamiento de Crane; se rechaza una nueva solicitud de autorización.
- 1968–1971Transferencia del microscopio a Crane en 1968 y muerte de Rife en 1971; en paralelo avanza el trabajo de Livingston y otras investigadoras.
- 1976–1992Renovado interés, revisión de los documentos por Lynes en 1986, primera edición del libro en 1987 y posteriores reimpresiones.
Fuentes y notas sobre el material histórico
- Barry Lynes, The Cancer Cure That Worked! Fifty Years of Suppression. Marcus Books, © 1987; se utiliza la cuarta impresión, abril de 1992, ISBN 0-919951-30-9. Datos de edición: PDF pp. 2–3; presentación de los colaboradores y del autor: pp. impresas 1–2 / PDF 7–8; prólogo de John W. Mattingly: pp. impresas 3–10 / PDF 9–16; primeros años: capítulos 4–5, pp. impresas 33–40 / PDF 39–46; nota final del editor: PDF 165. Los números PDF indican las páginas del documento escaneado de 166 páginas utilizado.
- Lynes, capítulo 6, pp. impresas 41–47 / PDF 47–53: colaboración con Kendall y Johnson, artículos de prensa, cena de 1931, intervención en Baltimore y publicaciones de Rosenow. El libro recoge el artículo de Rife y Kendall en California and Western Medicine (diciembre de 1931), la noticia de Science News (11 de diciembre de 1931) y el informe de Rosenow en Science (26 de agosto de 1932).
- Lynes, capítulos 7–8, pp. impresas 49–58 / PDF 54–63: BX, descripciones de los experimentos, artículo de 1933, Microscopio Universal y cartas de Johnson sobre los preparativos de la clínica. Fotografía del microscopio: apéndice G, p. impresa 149 / PDF 145. Retrato de 1931: apéndice C, p. impresa 145 / PDF 141.
- Lynes, capítulo 9, pp. impresas 59–65 / PDF 64–70: clínica de 1934, informe de Rife del 1 de diciembre de 1953, carta de Kendall sobre Tom Knight, testimonio de Couche y carta de Johnson sobre los registros. Facsímiles en los apéndices I–L: pp. impresas 151–155 / PDF 147–151. Datos sobre los dieciséis o catorce casos y los dos restantes: introducción, p. impresa 1 / PDF 7; p. impresa 61 / PDF 66; p. impresa 103 / PDF 104; p. impresa 116 / PDF 116. Las cronologías resumidas en el libro difieren.
- Lynes, capítulos 10–12, pp. impresas 67–85 / PDF 71–89: International Cancer Research Foundation, Gruner, Walker, desarrollo de aparatos y microscopios, clínicas, laboratorio y planes de financiación. Las cartas se resumen a partir de las citas y reproducciones del libro.
- Lynes, capítulos 13–14, pp. impresas 87–99 / PDF 90–101: Beam Ray, colaboración inglesa, testimonios de Cullen sobre Fishbein y la AMA, pleito civil de 1939, sus consecuencias, muerte de Johnson y acontecimientos del laboratorio. Relato más detallado de Cullen sobre el paciente de Hamer y la oferta de Fishbein: capítulo 3, pp. impresas 29–30 / PDF 35–36. Las acusaciones y la atribución de motivos se presentan como la interpretación de Lynes o los testimonios que cita.
- Lynes, capítulo 15, pp. impresas 101–107 / PDF 102–108: intervención de Kendall, microscopía, declaración pública de Rife en 1938, informe sobre los dos pacientes restantes y descripción de Seidel de la óptica y el instrumento de frecuencias. La bibliografía, p. impresa 139 / PDF 137, cita a Raymond E. Seidel y M. Elizabeth Winter, Journal of the Franklin Institute, febrero de 1944, así como la reimpresión en el informe anual de la Smithsonian Institution.
- Lynes, capítulo 19, pp. impresas 127–136 / PDF 125–134: John Crane, nuevos aparatos, informe de Stafford y referencias a las autopsias, pruebas de laboratorio, incautación, proceso penal de 1961, recursos, prisión y solicitud de 1965. También los últimos años de Rife, los problemas comerciales y jurídicos de Crane y el destino del microscopio. Fotografía de Rife en 1960: apéndice U, p. impresa 164 / PDF 161.
- Lynes, capítulo 16, pp. impresas 109–119 / PDF 109–119: Virginia Livingston-Wheeler, Eleanor Alexander-Jackson, Irene Diller, Florence Seibert y otros investigadores que el autor relaciona con el trabajo de Rife; publicaciones, encuentros y clínica de San Diego. La presentación de una confirmación posterior de las ideas de Rife sigue la interpretación de Lynes en el libro.
- Cancer Research UK, Rife machines. Fuente de la breve nota médica actual al final del artículo. Página consultada el 28 de octubre de 2026. Cancer Research UK
- Lynes, capítulos 17–18, pp. impresas 121–125 / PDF 120–124: The Victims y Cancer and AIDS. Las historias de Dorothy Lynch y Mark Johnson, así como la extensión de la tesis del autor al sida, pertenecen al contexto histórico y polémico del libro de los años ochenta.
- Lynes, capítulos 2–3, pp. impresas 17–32 / PDF 23–38: Béchamp, Pasteur, pleomorfismo, Kendall y Rivers; descripción del autor de las instituciones sanitarias estadounidenses, la AMA, la publicidad, la financiación de la investigación y los intereses privados. El libro remite, entre otros, a E. Douglas Hume, Morris A. Beale, Paul Starr y Ralph W. Moss.
- Organización Mundial de la Salud (WHO), HIV and AIDS. Fuente de la breve nota médica actual. Página consultada el 28 de octubre de 2026. WHO
- Lynes, apéndices documentales N–O, T, V–X: cartas de Johnson sobre la señora Young y los hallazgos de Foord (PDF 153–155; PDF 155 repite la carta de PDF 153); declaración de Charles F. Tully del 1 de junio de 1954 (PDF 160); declaración jurada de George Chromiak Jr. del 7 de enero de 1965 (PDF 162); declaración de Blanche H. Jones del 16 de enero de 1968 sobre el tratamiento de 1956 (PDF 163); cuadro comparativo de las características de bacterias y virus (PDF 164). Prólogo de John W. Mattingly: PDF 9–16. Estos relatos se presentan como testimonios e interpretaciones del libro.
Una breve nota médica actual
Este artículo presenta el relato histórico de Barry Lynes. Cancer Research UK señala que no existen pruebas fiables de que los aparatos de Rife sean eficaces para tratar el cáncer. El sida es consecuencia de una infección avanzada por el VIH. Los aparatos de Rife no deben sustituir ni retrasar la atención médica establecida. [10] [13]
